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Nos reunimos en Puerto Madryn con un orgullo patagónico: Bruno Di Benedetto, ganador en el rubro poesía, con su obra “Crónicas de muertes dudosas”, del prestigioso Premio Casa de las Américas 2010, el cual se entrega anualmente en La Habana (Cuba) desde 1960. Lo invitamos a ser partícipes de una charla privilegiada.

 
 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cómo empieza tu relación con la literatura?
Desde muy chiquitito fui lector; pero mi relación más cercana con la literatura comenzó con las narraciones orales de mi familia. Yo soy hijo de inmigrantes sicilianos y, como todo buen pueblo campesino, tiene muchas historias y le encanta contarlas una y otra vez. Y yo disfrutaba mucho de eso. Creo que fue lo que primero me acercó.
Y, después, tuve la suerte de que alguien, a los siete u ocho años, me regalara un par de libros de la colección Robin Hood, “Las Aventuras de Tom Sawyer” y “Príncipe y mendigo”, ambos de Mark Twain, un gran, gran escritor… Y creo que ahí me pico el bichito y empecé a comprar, durante la preadolescencia y adolescencia, toda la colección Robin Hood, lo cual me fue llevando a otro tipo de literatura, con otro tipo de densidad de lenguaje y de historias. Empecé a leer ciencia ficción. También las historietas han tenido un papel importante en mi vida como lector.
¿Qué significó ser galardonado con un premio de tanta trascendencia?
Y bueno… (risas) Es un sueño cumplido. Yo ya había participado con “Vengan juntos”. Cuando terminé “Crónicas de muertes dudosas”, muchos amigos me dijeron que podía tener posibilidades. Nunca me imaginé que iba a ganar el premio. Me imaginaba una mención.
Pero lo que más significó, más allá de la satisfacción personal, que es muy linda pero es breve… y se termina (risas), es que en la devolución, el jurado reconoció las líneas de trabajo que yo había venido tendiendo durante seis años. Entonces, ahí sentí que había logrado mucho de lo que me había propuesto antes de empezar a escribir el libro. Eso fue para mí la satisfacción más grande.
¿Cómo describirías, en el contexto de tu obra, a “Crónicas de muertes dudosas”?
Es una apuesta muy fuerte, porque lo empecé a escribir en una época en que estaba muy de moda un lenguaje que era muy llano, poemas muy cortos, donde la temática había perdido importancia –la famosa poesía de los ’90-. Ese encasillamiento me provocaba cierta rebelión. Entonces, me propuse, entre otras cosas, escribir todo lo contrario: poemas de seis páginas, épicos, entretenidos; que pudieran ser leídos por una persona que no lee poesía habitualmente y, al mismo tiempo, disfrutados por una curtida en poesía. Así, se diferencian netamente por la línea narrativa que tienen los poemas. Es poesía épica; viene de la “Ilíada”, la “Odisea”, del “Martín Fierro”… Me influyó mucho “Los poemas de Sidney West”, de Juan Gelman. A su vez, Gelman, se había inspirado en los poemas de “Spoon River” de Edgar Lee Masters, que son lápidas de un cementerio de un pueblo imaginario. Es un libro maravilloso.
¿Por qué te vales de tantas voces para expresarte?
Esa es una muy buena pregunta. Una de las bases, es terminar con la autorreferencialidad, dejar de hablar de mi mismo, que es una especie de enfermedad de juventud. Al principio uno se busca en sí mismo, después llega un momento en que uno se aburre de sí mismo (risas). Por eso mucha gente empieza escribiendo poesía y termina escribiendo novelas. A su vez, tengo muchas voces en mi cabeza, que son mías, pero que tienen que ver con otros personajes míos, y necesitaba darles curso. A personajes literarios me refiero; mis “yos líricos”. Puedo manejar un lenguaje muy culto en poesía, pero también tengo actuando un lenguaje muy popular, muy coloquial, y no quería encasillarme en un solo tipo de lenguaje. Por eso me viene bien la poesía dramática, épica, porque puedo hacer hablar a todos los personajes. Esta en una línea muy tenue entre poesía, dramaturgia y cuento.

¿Crees que existe una nota distintiva de la poesía patagónica?
Sí. Hay muchos tipos de poesía patagónica que responden a la composición mezclada de la Patagonia. Es un caldero la Patagonia, un guiso de lengua. Lo que tienen en común es un vigor impresionante, y un nivel de calidad notable respecto del resto del país. Hay muchos poetas y de muy buena calidad.

¿Dentro del absurdo y la chatura reflejados en “Country” donde “el asco es la virtud fundamental” ¿Qué lugar le cabe al artista?

No sé… (risas). El artista tiene que denunciar, sin apartarse de su búsqueda estética y de la belleza. No creo en la poesía panfletaria.
Tiene que ver en como concebís el mundo. Es tu mirada. Vos no podés escapar de vos mismo. Pero sí podés mejorar tu mirada a través de lo que escribís. Pero el objetivo del artista es el arte, no cambiar el mundo. Por eso yo nunca subordino la poesía a otras cosas.

¿Anda dando vueltas algún proyecto nuevo?

 Sí tengo varios. Ahora estoy con pocas ganas de escribir. Son crisis del lenguaje. Estoy trabajando en un libro que tiene que ver con un sueño que tuve que sucede en una corte real. Así que me estoy delirando con eso (risas): como habla el astrólogo del rey, el general del rey, el confesor del rey. Entonces, sigo trabajando las distintas voces, pero con un lenguaje netamente distinto y con bastante humor negro. Y, hace poco, empecé una novela para chicos, que es algo que siempre quise hacer y que está arrancando.

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